LA APOSTOLICIDAD DE LA IGLESIA Y LA TESIS DE CASSICIACUM

La Iglesia Católica se encuentra privada de autoridad, y, sin embargo, continúa siendo apostólica dado que la apostolicidad de sucesión formal sólo requiere continuidad del mismo sistema de gobierno. Este artículo aborda la objeción de que el sedevacantismo destruye la indefectibilidad y visibilidad de la Iglesia ante la vacancia de la Sede de Pedro. Utilizando la metafísica tomista y los principios del hilemorfismo, el texto aplica la Tesis de Cassiciacum para explicar que los papas posteriores al Concilio Vaticano II ocupan el papado materialiter (como sujetos legítimamente designados) pero no formaliter (careciendo de la autoridad y jurisdicción divinas debido a un defecto de consentimiento al pretender alterar la fe).

Se argumenta que la apostolicidad de la Iglesia permanece intacta gracias a la continuidad jurídica material provista por el Colegio de Cardenales, el cual conserva el poder y el derecho de elegir a un sucesor, garantizando así la permanencia de la misión eclesiástica. Finalmente, se establecen los deberes prácticos para los fieles católicos durante esta crisis sin precedentes: rechazar las reformas conciliares, evitar la participación en Misas una cum, mantenerse firmes en la Tradición y rezar por la conversión de la jerarquía material para la restauración del orden pontificio.


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