La Iglesia Católica se encuentra privada de autoridad, y, sin embargo, continúa siendo apostólica dado que la apostolicidad de sucesión formal sólo requiere continuidad del mismo sistema de gobierno. Este artículo aborda la objeción de que el sedevacantismo destruye la indefectibilidad y visibilidad de la Iglesia ante la vacancia de la Sede de Pedro. Utilizando la metafísica tomista y los principios del hilemorfismo, el texto aplica la Tesis de Cassiciacum para explicar que los papas posteriores al Concilio Vaticano II ocupan el papado materialiter (como sujetos legítimamente designados) pero no formaliter (careciendo de la autoridad y jurisdicción divinas debido a un defecto de consentimiento al pretender alterar la fe).
Se argumenta que la apostolicidad de la Iglesia permanece intacta gracias a la continuidad jurídica material provista por el Colegio de Cardenales, el cual conserva el poder y el derecho de elegir a un sucesor, garantizando así la permanencia de la misión eclesiástica. Finalmente, se establecen los deberes prácticos para los fieles católicos durante esta crisis sin precedentes: rechazar las reformas conciliares, evitar la participación en Misas una cum, mantenerse firmes en la Tradición y rezar por la conversión de la jerarquía material para la restauración del orden pontificio.
El tiempo no da tregua. Ya pasó todo un año desde la publicación del «Pequeño Catecismo sobre la Tesis». Ahora sólo queda hacer una serie de videos para explicar el artículo y comentar al margen. La primera entrega ya está disponible:
Finalmente ha sido terminada la traducción del Pequeño Catecismo sobre la Tesis, un breve escrito que explica a manera de preguntas y respuestas la posición teológica a la que adhiere el autor de este blog. Para bajar el documento en formato PDF, haz clic aquí.
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La posición lefebvrista es insostenible: reconocer a alguien como papa a fin de resistir su magisterio, sus leyes, su liturgia. «El papa es infalible sólo cuando define un dogma», dicen. «La idea de seguir al papa en todo es algo ridículo, un ultramontanismo papólatra que se remonta al Vaticano I (1870)», explican. La ocasión que los lleva a resistir un magisterio en apariencias pontifical es, por cierto, el contenido claramente herético de tal magisterio. Una posición que coloque al fiel en tal estado de perplejidad: si no me someto soy cismático, y si me someto, hereje, no puede llamarse prudencial. Todo lo contrario. ¿Pero cómo se evita entonces esta situación? Entendiendo que a partir de 1965 no hay ningún magisterio eclesiástico auténtico a reconocer, excepto por supuesto el de los Papas que reinaron durante casi dos mil años como reglas firmísimas de la Fe. El lefebvrismo, rechazando el único diagnóstico compatible con la Fe (y el sentido común) se ve obligado a reconocer un papado herético y una Iglesia en defección.
Analicemos brevemente la posición lefebvrista. Si el lefebvrismo está acertado, la Iglesia Católica es el único medio de salvación y, al mismo tiempo, es capaz de llevar a las almas al infierno, con la promulgación de leyes nocivas, la enseñanza de doctrinas falsas y la imposición universal de una nueva religión por parte del papa y la jerarquía. Para que uno se beneficie del aspecto salvífico de esta Iglesia, debe aceptar solamente dogmas declarados y resistir todo lo demás, excepto lo que el superior del grupo lefebvrista considere «tradicional».
Lo que no es muy tradicional es esta noción de Iglesia pecadora que ha adoptado el lefebvrismo. Es más, quien ha defendido esta posición con mucha claridad es el mismísimo Hans Küng, conocido «teólogo» modernista que participó como «experto» durante el Concilio Vaticano II. Para el hereje suizo, la infalibilidad de la Iglesia consiste en no ser abandonada por Dios cuando yerra. [1]
El lefebvrismo queda completamente expuesto cuando deben explicar las canonizaciones de Roncalli, Montini y Wojtyla. La Iglesia Católica enseña que las canonizaciones son infalibles, actos solemnes y propiamente ex cathedra.
Acta de Canonización de Santa Micaela Desmaisières López de Dicastillo. Referencia: AAS n. 26, 1934.
Si Francisco es un Papa legítimo, con autoridad suprema y universal, entonces sus canonizaciones son tan infalibles como las de Pío XI. Si Francisco no tiene poder para declarar santos, como reconocen los lefebvristas (¿cómo van a aceptar virtud heroica en quien excomulgó a Mons. Lefebvre?), entonces se está admitiendo la vacancia formal de la Sede apostólica.
Es tiempo de despertar. Un tradicionalismo que rechace la doctrina tradicional del Papado es una contradicción en los términos. La única posición que preserva la indefectibilidad de la Iglesia es el sedevacantismo.
[1]
Küng, Hans, Infallibility? An Inquiry, (Garden City, New York: Doubleday, 1971), p. 181.
Hemos subido un video a YouTube explicando de manera introductoria la crisis de la Iglesia y las diferentes posiciones. Esperemos les sea útil e informativo.
El Instituto Católico Romano (ICR) es una organización clerical que profesa la Fe Católica de manera integral, lo cual necesariamente incluye el rechazo total de las reformas doctrinales, disciplinares y litúrgicas del Concilio Vaticano II. Las reformas del pseudo-concilio constituyen un cambio sustancial de la Santa Fe. Los directorios de nuestro Instituto han sido traducidos al español y se pueden ver haciendo clic en este enlace.
Hacemos accesible el trabajo de un autor dominico, Ambroise de Poulpiquet, O.P., agradeciendo el trabajo de traducción realizado por el señor Patricio Shaw.