¿CRISTO O BELIAL?

[Traducción]

Para leer el artículo original en inglés: hacer clic aquí.

Respuesta a Mons. Williamson sobre la asistencia a la Nueva Misa

Por Mons. Donald J. Sanborn

Monseñor Williamson

Monseñor Williamson

El 28 de junio de este año, Mons. Williamson dio una conferencia a un grupo de personas en Connecticut, seguida de preguntas y respuestas. [1]

Una señora le preguntó si estaba permitido asistir a la Nueva Misa. [2] Mons. Williamson respondió que, en determinadas circunstancias, podía permitirse participar activamente en la Nueva Misa.

A continuación analizaré su respuesta. Tengo que citarlo continuamente porque no quiero tergiversar en absoluto su posición presentando solamente algunos comentarios seleccionados.

Comienza diciendo que la Nueva Misa es “una parte clave de la nueva religión, una parte importante de la apostasía en todo el mundo”. Sin embargo, enuncia lo siguiente como la “regla de oro”, “la absoluta regla de las reglas”: “Haz lo que tengas que hacer para nutrir tu fe”.  A continuación, explica: “Algunos sacerdotes Novus Ordo están nutriendo y edificando la fe en las parroquias Novus Ordo”, “Ha habido milagros eucarísticos con la Misa del Novus Ordo y aún siguen sucediendo”. [3]

Luego enuncia este extrañísimo principio: “Si bien la nueva religión es falsa, es peligrosa y sofoca la gracia y contribuye a que muchas personas pierdan la fe, al mismo tiempo, hay casos en que puede ser usada y es usada para edificar la fe”.

Finalmente llega a lo que él llama el principio esencial: “Haz lo que tengas que hacer para nutrir tu fe”.

Reduce la cuestión de la asistencia a la Nueva Misa a una decisión completamente personal: “Uno toma su propia decisión” “Debo tomar mis propias decisiones teniendo en cuenta mis propias circunstancias”.

Una Nueva Misa “reverente”. Según Mons. Williamson éstas edifican la fe y dan gracia.

Una Nueva Misa “reverente”. Según Mons. Williamson éstas edifican la fe y dan gracia.

Resume diciendo: “Por lo tanto, hay casos en que incluso la Misa del Novus Ordo puede ser oída con el resultado de la edificación de la propia fe en lugar de su pérdida”, “Mantente lejos de la misa del Novus Ordo. Pero, excepcionalmente, si observas y oras,  incluso allí puedes encontrar la gracia de Dios. Si la encuentras, aprovéchate de ella para santificar tu alma”.

Concluye su respuesta de esta manera: “Si [los laicos] pueden confiar en su propio juicio, que la asistencia a la Nueva Misa les hará más bien que daño espiritualmente … Pero hace daño en sí mismo.  Sobre esto no hay duda. Es un rito diseñado para socavar la fe de los católicos y para hacer que su fe se aparte de Dios y se vuelva al hombre”.

Finalmente da el golpe de gracia“La totalidad de la nueva religion- y la Misa Novus Ordo es una parte esencial de la nueva religion- está diseñada  para alejar a uno de la fe católica …”

Análisis de las proposiciones de Mons. Williamson

Punto # 1. La Nueva Misa o es un culto católico o no es un culto católico. No hay una tercera posibilidad. Para que una misa sea católica, debe (A) tener un válido rito católico de consagración; (B) ser ofrecida por un sacerdote católico válidamente ordenado que esté en unión con la jerarquía católica y que esté autorizado por esta jerarquía para ofrecer la misa en nombre de toda la Iglesia; (C) consistir de ceremonias católicas, es decir, ceremonias que expresen la verdad católica sobre la Misa. Si faltase alguno de estos elementos, no será una misa católica y será un pecado mortal asistir a la misma.

Si nos concentramos sólo en la cuestión de las ceremonias católicas, está claro que la Nueva Misa no es un culto católico. Este hecho ha sido demostrado muchas veces durante los pasados cuarenta y cinco años y principalmente por el propio Mons. Lefebvre, quien la llamó misa de Lutero.

Mons. Williamson está en lo cierto al decir que Mons. Lefebvre nunca consideró que la Nueva Misa fuese necesariamente inválida. Sin embargo, sí la consideraba como algo muy malo por la precisa razón de que sus ceremonias no expresaban la verdad católica sobre la Misa y el sacerdocio. Esta doctrina nos fue inculcada a martillazos por el Arzobispo en Ecône. El mismo Mons. Williamson dice que “es un rito diseñado para socavar la fe de los católicos y para hacer que su fe se aparte de Dios y se vuelva al hombre.”

El rito de comunión anglicano, por ejemplo, contiene una fórmula de consagración válida, pero es un culto no católico, porque las oraciones que lo rodean transmiten el error y la herejía con respecto al Santo Sacrificio de la Misa y al sacerdocio. Lo mismo es cierto de la Nueva Misa. Lo mismo es cierto de la Misa de Lutero. [4]

Por este motivo, desde 1969, los católicos de todo el mundo han resistido y rechazado enérgicamente la Nueva Misa, a pesar de que fue promulgada por Pablo VI, precisamente porque es un culto no católico. Si es un culto católico, entonces ¿por qué la resistimos? Si se trata de un culto no católico, ¿cómo podríamos asistir a ella?

No puede decirse que “un rito destinado a socavar la fe de los católicos” sea un culto católico y agradable a Dios. Es una abominación a los ojos de Dios y este hecho es la razón de nuestro rechazo persistente a la misma durante décadas.

Punto # 2. La misa católica no es principalmente un estimulante espiritual. Mons. Williamson, al comienzo de la respuesta a la pregunta de la señora afirmó que la regla de oro y la regla absoluta de las reglas es: “Haz lo que tengas que hacer para nutrir tu fe”.

Hay que decir, en primer lugar, que el Santo Sacrificio de la Misa se ​​ofrece primaria y esencialmente para la adoración de Dios y no como un estimulante de fervor para nuestra vida espiritual. Es verdad que todo verdadero culto de Dios, incluso la devoción de la la Medalla Milagrosa, tiene como efecto secundario el aumento de fervor y devoción en nuestras almas. Sin embargo, ningún acto de culto, cualquiera que sea, está ordenado primaria o esencialmente al aumento de la piedad personal.

El principio que Mons. Williamson da aquí – “Haz lo que tengas que hacer para nutrir tu fe”– es completamente protestante. Para el protestante todo culto consiste únicamente en un acto interior de alabanza y acción de gracias a Dios. El altar del protestante es su corazón. Su culto es, en consecuencia, totalmente subjetivo, como lo es su fe. El propósito del culto externo protestante, es decir, de lo que hacen los domingos en sus iglesias, es excitar el corazón a sentimientos de fe. Por esta razón, el culto protestante puede variar desde ser muy católico en su paraphernalia, como el de la Iglesia Alta Anglicana, a ser algo bajo y vulgar, como el de los pentecostales. Para los protestantes, ¿cuál es la regla de oro que hace que todo esto sea culto verdadero? Es exactamente lo que dijo Mons. Williamson: “Haz lo que tengas que hacer para nutrir tu fe”.

Su declaración es también modernista. El modernismo subjetiviza completamente la religión. La religion es para el modernista su propia experiencia religiosa interior y el dogma debe evolucionar de acuerdo a la evolución de la experiencia religiosa. Decir que la absoluta regla de las reglas es “hacer lo que tengas que hacer para nutrir tu fe” significa que nuestra fe interior es lo que justifica el culto externo, sea el que fuere.

En consecuencia, el modernista podría fácilmente decir que una misa con globos nutre su fe, o una Misa de payaso, o cualquier otro tipo de aberración litúrgica.

Pío XII

Pío XII

La posición católica es que lo que alimenta nuestra fe es la doctrina católica. El Papa Pío XII dijo en su encíclica Mediator Dei: “Que la ley de la oración determine la ley de la fe” (n. 48), lo que significa, como él mismo explica, que la liturgia debe reflejar la verdad católica: “La liturgia es una profesión de las verdades eternas” (ibíd.) El Pontífice también dice en el mismo párrafo que la liturgia recibe su doctrina de las enseñanzas de la Iglesia y que también se puede afirmar con razón que “la ley de la fe debe establecer la ley de la oración”.

La doctrina litúrgica católica, por lo tanto, declara que existe una relación estrecha y recíproca entre el dogma católico y la liturgia católica. En consecuencia, la única liturgia capaz de alimentar nuestra fe, según Pío XII, es la que esté determinada por el dogma católico.

¿Cómo podría entonces la Nueva Misa alimentar la fe de uno? La única forma es si refleja la verdad católica, es decir, si es, como dice Pío XII, “una profesión de las verdades eternas.”

Si la Nueva Misa es una profesión de las verdades eternas, entonces ¿de qué modo es  mala y por qué la resistimos y la rechazamos?

Obviamente no es una profesión de las verdades eternas, como todos saben, y especialmente Mons. Williamson, que dijo: “Es un rito destinado a socavar la fe de los católicos y hacer que su fe se aparte de Dios y se vuelva al  hombre”.

La conclusión es que Mons. Williamson está completamente confundido, es completamente inconsistente, está contaminado por el pensamiento protestante y modernista y pone las bases lógicas para una reconciliación con los modernistas, para el temido Fellay-ismo.

Punto # 3. La posición de Mons. Williamson sobre la Nueva Misa conduce lógicamente a la reconciliación con los modernistas. Mons. Williamson ve la nueva religión y su Nueva Misa como algo gris, es decir, como algo diseñado para destruir la fe de uno, pero que, si se entiende correctamente, puede de hecho nutrir la fe.

Dice: “Si bien la nueva religión es falsa, es peligrosa y sofoca la gracia y está haciendo que muchas personas pierdan la fe, al mismo tiempo, hay casos en los que puede ser usada y es usada para edificar la fe”.

Cita lo siguiente como prueba de este principio general: “Algunos sacerdotes Novus Ordo están nutriendo y edificando la fe en las parroquias  Novus Ordo”, “Ha habido milagros eucarísticos en las misas del Novus Ordo y siguen ocurriendo”.

Analicemos estas declaraciones. Si los sacerdotes Novus Ordo pueden nutrir y construir la fe por ser sacerdotes Novus Ordo conservadores, entonces debemos concluir que el uso conservador de la Nueva Misa nutre y edifica la Fe. Si esto es cierto, entonces ciertamente el uso de la misa tradicional en latín en el contexto de la nueva religión construiría y nutriría la fe.

Este principio conduce lógicamente a esta conclusión: debemos permanecer en el Novus Ordo, buscar sacerdotes conservadores, ir a misas Motu Proprio y tratar de resolver los problemas de la Iglesia desde dentro del Novus Ordo. Esto significa que no hay nada intrínsecamente malo en la Nueva Misa, sino que es un vehículo para destruir la fe de uno sólo cuando no se ofrece de forma conservadora.

Monseñor Fellay se esfuerza por incorporar la Sociedad de San Pío X a las estructuras del Novus Ordo, precisamente, para trabajar desde dentro de ellas y para ayudar a lograr una religión Novus Ordo conservadora, ya que no tiene objeciones intrínsecas a la Nueva Misa o al Vaticano II. Mons. Williamson le presenta a Mons. Fellay en bandeja de plata toda la lógica para una tal reconciliación y al mismo tiempo destruye el fundamento teológico de su propio movimiento de resistencia.

Punto # 4. Los milagros son realizados por Dios sólo en confirmación de la verdad. Mons. Williamson cita cuatro milagros eucarísticos que han tenido lugar en la Nueva Misa, alegando que hay aún más. Hace esto con el fin de demostrar que la Misa del  Novus Ordo  tiene la capacidad de dar gracia y santificar las almas.

Es doctrina católica que Dios hace milagros sólo en confirmación la verdad. Sería blasfemo afirmar que lo hace en confirmación del error, ya que hacer esto iría en contra de su santidad y su veracidad.

Sin embargo, Mons. Williamson condena la Nueva Misa como algo pernicioso: “La totalidad de la nueva religion -y la Misa del Novus Ordo es una parte esencial de la nueva religion- está diseñada para apartar  a uno de la fe católica…”, “Es un rito diseñado para socavar la fe de los católicos y para hacer que su fe se aparte de Dios y se vuelva al hombre”.

¿Cuál es la conclusión de la afirmación de Mons. Williamson de que ha habido milagros eucharísticos en la Nueva Misa? La respuesta es muy simple: La Nueva Misa es una misa católica santa que santifica las almas. ¡Dios lo dice con sus milagros!

Si esto es así, entonces ¿por qué resistimos a la Nueva Misa? ¿Por qué no asistimos a ella y ​​estamos contentos con ella? Según Mons. Williamson, Dios ha dado su sello de aprobación a la Nueva Misa.

Punto # 5. ¿Quién soy yo para juzgar? Mons. Williamson reduce la cuestión de la asistencia a la Nueva Misa a un juicio completamente personal. Para él, la Nueva Misa y la nueva religión en general no son intrínsecamente malas. Son malas sólo en ciertas circunstancias, es decir, cuando amenazan la fe interior de uno. Si uno toma medidas para desviar estos peligros, la Nueva Misa y la nueva religión pueden, de hecho, dar gracia y santificar el alma.

Por ello separa la decisión de la asistencia a la Nueva Misa de la realidad objetiva y reduce toda la cuestión a una elección personal: “Uno toma sus propias decisiones”, “Debo tomar mis propias decisiones en mis propias circunstancias”.

Si bien se queja en la misma conferencia de la subjetivización de la moral por parte de Bergoglio, ¿no está Mons. Williamson haciendo acá exactamente lo mismo? En efecto, si la Nueva Misa es objetivamente un culto no católico – y sostenemos firmemente que este es el caso – luego asistir a ella sería un pecado mucho mayor que el de sodomía. Bergoglio pronunció su inolvidable “¿Quién soy yo para juzgar?” acerca de un sacerdote supuestamente sodomita en el Vaticano. ¿Acaso Mons. Williamson, al decir que hay que juzgar por uno mismo, no separa la asistencia a la Nueva Misa de cualquier norma objetiva y clara?

Vemos de nuevo en Mons. Williamson la influencia protestante y modernista,  al reducir la decisión sobre el acto central del culto católico a un juicio puramente subjetivo.

Una nota muy extraña

Mientras escuchaba atentamente la conferencia de Mons. Williamson en YouTube, me di cuenta de que, cuando comenzó a hablar de este tema espinoso, apareció un aviso en la página:

La ley estadounidense de derechos de autor permite el análisis crítico de un vídeo para un uso justo, pero aquellos usuarios (Novus Ordo Watch, etc.) que descargan partes de este vídeo para promover una agenda sedevacantista sin acreditar el vídeo completo y sin poner enlaces al mismo parecen estar haciendo esto sólo para atacar a Monseñor. Todos debemos estudiar nuestra fe y orar por nuestro clero, incluyendo, especialmente, al Papa [sic] Francisco.

Este canal NO apoya el error sedevacantista o la asistencia al Novus Ordo Missae, excepto en las circunstancias mencionadas por el arzobispo Lefebvre, por ejemplo, la asistencia pasiva a los funerales y bodas.

En primer lugar, hay que decir que la crítica de las posiciones liberales e inconsistentes de Mons. Williamson de ninguna manera promueve la causa del sedevacantismo, sino que se limitan a señalar lo absurdo de la posición “reconocer y resistir”. 

En segundo lugar, nadie está “atacando a Monseñor”. Estamos meramente señalando sus errores. De hecho, él ha manifestado muy abiertamente en los últimos meses sus objeciones al sedevacantismo.

En tercer lugar, el “canal”, es decir, los promotores del vídeo (que son presumiblemente seguidores de Mons. Williamson) lo han acusado de lo que para ellos es el mayor insulto, a saber, de haber contradicho a Mons. Lefebvre en esta cuestión y  repudian públicamente la posición de Mons. Williamson sobre la asistencia a la Nueva Misa.

En cuarto lugar, los que alegan que Mons. Lefebvre permitió solamente la asistencia pasiva en determinadas circunstancias deberían explicar cómo, como parte del acuerdo del 5 de mayo de 1988 con los modernistas, el arzobispo aceptó que se celebrase una Nueva Misa en Saint-Nicolas-du-Chardonnet en París. [5]

La verdad sea dicha: La Nueva Misa es asesina de la Fe

Durante los últimos cincuenta años, hemos sido testigos del fenómeno impresionante de la pérdida de la fe por parte de al menos el 90% de los que se llaman a sí mismos católicos. Si bien todavía conservan una membresía puramente material (es decir, institucional) en la Iglesia Católica, adhieren a falsas doctrinas y rechazan muchos dogmas católicos.

¿Cuál es la causa de este colapso masivo de la fe? ¿Acaso estos cientos de millones de católicos se entregaron a la lectura de los documentos del Concilio Vaticano II, o de las encíclicas interminables y confusas de Juan Pablo II y Benedicto XVI? ¿Es por eso que han perdido la fe?

No. La razón por la que han perdido la fe es que han asistido todos los domingos a la nueva liturgia que mata la fe, de la cual la doctrina católica ha sido eliminada y ha sido reemplazada con herejías protestantes y modernistas. Pío XII dijo que la liturgia debe determinar la ley de la fe y de hecho la nueva liturgia lo hace. Esta abominación litúrgica ha determinado la ley de la incredulidad, la ley de la herejía.

Tan sólo hay que leer el libro de Padre Cekada, Work of Human Hands, para darse  cuenta de cuánto mal ha sido vertido en lo que ahora se conoce como la Nueva Misa.

Esta Nueva Misa infame es lo que mató también la fe de los sacerdotes que decían esta misa. Esta fue la causa más eficaz de su pérdida de la fe. Ellos, a su vez, transmitieron su contagio de incredulidad a sus feligreses en forma de falsa doctrina en sermones, catecismos y su comportamiento general.

La Nueva Misa es un árbol malo que ha dado malos frutos. Un fruto bueno no puede venir de un árbol malo. Un mal fruto no puede venir de un buen árbol.  Mons. Williamson dice que la Nueva Misa produce un buen fruto. Esto significa que, a sus ojos, la Nueva Misa debe ser un buen árbol.

Conclusión

Mons. Williamson está claramente confundido acerca de la naturaleza de la nueva religión y de la Nueva Misa. Si uno mira en YouTube la respuesta completa a la pregunta, uno lo ve continuamente cambiando el discurso entre condenas fulminantes contra la nueva religión y la Nueva Misa como una obra del diablo, por un lado, y la afirmación, por el otro, de que la nueva religion “puede nutrir y edificar la fe” y que la Nueva Misa es una fuente de gracia.

¿Por qué está Mons. Williamson confundido? Porque también Mons. Lefebvre estaba confundido.

El arzobispo Lefebvre, un hombre de contradicciones que dio muchos sacerdotes al movimiento tradicionalista pero falló en darles principios coherentes de resistencia al modernismo.

El arzobispo Lefebvre, un hombre de contradicciones que dio muchos sacerdotes al movimiento tradicionalista pero falló en darles principios coherentes de resistencia al modernismo.

A pesar del gran bien que hizo Mons. Lefebvre al hacer el movimiento tradicionalista popular en todo el mundo y al ordenar tantos sacerdotes para ofrecer la misa tradicional en latín, el arzobispo hizo, sin embargo, un gran daño al movimiento al no establecerlo  sobre una base teológica adecuada.

En agosto de 1987 Mons. Lefebvre escribió una carta privada a los que tenía la intención de consagrar obispos, diciéndoles que “la Cátedra de Pedro y de los puestos de autoridad en Roma están ocupados por anticristos”. Sin embargo, a lo largo de los siguientes nueve meses llevó a cabo negociaciones con Ratzinger, entonces cardinal Novus Ordo, con el fin de que su Fraternidad de sacerdotes fuese absorbida en el Novus Ordo. El 18 de octubre  de 1987 Mons. Lefebvre le dijo a un periodista de 30 días: “Se ha tomado un paso importante en el camino de la reconciliación y tengo esperanzas”. El 7 de diciembre de 1987 le dijo al diario italiano La Stampa: “El problema es el de los obispos que están contra nosotros y nos quieren poner fuera de las iglesias. Hay un muro de oposición entre nosotros, es necesario que Roma nos salve”.

Las negociaciones con Ratzinger (uno de los anticristos) prosiguieron durante todo el invierno y la primavera.

En mayo de 1988 el arzobispo firmó un protocolo (acuerdo preliminar) con Ratzinger en el que, como parte de los términos de la reconciliación, Juan Pablo II (según el arzobispo, el Anticristo) nominaría el obispo a ser consagrado de entre los miembros de la Fraternidad y como muestra de la aceptación de la Nueva Misa, el arzobispo acceptó que se celebrase una Nueva Misa en la iglesia de la Fraternidad en París.

Al día siguiente el arzobispo repudió el documento. Quería tener permiso absoluto para consagrar a un obispo el 30 de junio.

 A lo largo de las siguientes ocho semanas llevó a cabo una campaña vitriólica contra Juan Pablo II acusándolo de no ser católico y de ser un anticristo.

El 15 de junio el arzobispo da una conferencia en la que dice que Juan Pablo II es el Papa, pero no es católico. Dice que Juan Pablo II estaba excomulgado y fuera de la Iglesia, pero es la cabeza de la Iglesia. El 16 de junio expresa a un periodista su esperanza de que Juan Pablo II (el anticristo, el modernista, el excomulgado que está fuera de la Iglesia) reconocerá sus consagraciones.

El 30 de junio de 1988 consagró cuatro obispos sin el permiso de los “anticristos” de Roma. Entonces volvió a dar un sermón virulento contra los modernistas en Roma.

Después de la ceremonia, sin embargo, le dijo a un grupo de periodistas: “En cinco años todo estará reconciliado.”

Mons. Lefebvre, como se puede ver claramente, era un hombre de contradicción.

Mons. Williamson, que es un ávido seguidor del arzobispo Lefebvre, aprendió bien de su maestro. Aprendió mejor que nadie que el Concilio Vaticano II, la Nueva Misa y la nueva religión son a la vez católicos y no católicos, a la vez aceptables e inaceptables, son algo a evitar y algo a  abrazar.

El arzobispo Lefebvre y su clero han sido consistentes en una cosa: Nunca tomar una posición clara, permanente e invariable con respecto al Vaticano II, la Nueva Misa y la nueva religión. Durante los cuarenta y cinco años de su existencia han zigzagueado y cambiado continuamente de posición sobre todas las cuestiones fundamentales del movimiento tradicionalista.

La raíz de esta incongruencia es la negativa a considerar a los papas del Vaticano II como falsos papas. Porque si uno dice que Bergoglio es el Papa, está afirmando que su religión es la católica. El papado y la fe católica son dos cosas intrínsecamente inseparables. Todo el mundo lo sabe. Incluso el sentido común lo dicta.

“¿Y qué concordia [tiene] Cristo con Belial?” (II Cor. VI: 15) Mons. Williamson aborrece los movimientos realizados por Mons. Fellay hacia una reconciliación con los modernistas. Sin embargo, en esta respuesta a la pregunta de la señora, Mons. Williamson pone la base para toda la confusión e incoherencia que llevan a una reconciliación con el Belial del Novus Ordo.

[1] La conferencia entera se puede encontrar en https://www.youtube.com/watch?v=Ma9_10iVBik

[2] La pregunta exacta fue: “Durante la semana voy a una Misa del Novus Ordo que se dice de una manera muy respetuosa, donde creo que los sacerdotes creen que están cambiando el pan y el vino.”

[3] Durante el tiempo que he conocido al obispo Williamson (43 años), él ha sido muy rápido para creer informes de milagros, apariciones y mensajes.

[4] Todos estos ritos contienen palabras válidas para la consagración del pan. También tienen formas esenciales válidas para la consagración del vino si uno considera que las primeras palabras, “Este es el cáliz de mi Sangre…” son suficientes para la validez. No quiero entrar aquí en una discusión sobre este punto en este artículo. El punto aquí es que, a pesar de una consagración válida, una misa puede ser no católica debido a falsas ceremonias que rodean el rito esencial.

[5] Mons. Lefebvre en 19 de junio, 1988.

Un pensamiento en “¿CRISTO O BELIAL?

  1. Contundente y verdaderamente necesaria la correccion que se le hace a Mons. Williamson y a sus desvarios protestantes con los cuales pretende engañar a los fieles, que ingenuamente buscan en el, que les de una orientacion correcta y adecuada a sus problemas de Fe, sin embargo, las respuestas de Mons. Williamson, no son las respuestas catolicas, que deberian de ser, sino todo lo contrario, con un sabor protestante a todas luces marcado, incluso al afirmar. que hay milagros eucaristicos, en el Novus Ordo, cosa pór demas absurda, Dios no puede atacarse asi mismo, Dios no puede engañarnos con falsos milagros. Pobre razonamiento en esta materia que hace Mons. Williamson. Si alguna vez crei en el, incluso lo coloque en el Canon de la Misa, pronto lo deseche, al no ser su comportamiento el de un Obispo verdaderamente Catolico. MAL ACABA EL QUE MAL EMPIEZA.

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