EL DOGMA

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Una vez más, agradecemos el esfuerzo de nuestro amigo Patricio Shaw, quien tradujo esta excepcional obrita del francés al castellano. Para leer y compartir.

El Dogma, Fuente de Unidad y Santidad en la Iglesia, por E. A. de Poulpiquet O.P.

LA MISA EN LATÍN

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El Padre Anthony Cekada ha publicado hace ya tiempo un folleto para quienes asisten por primera vez a un misa tradicional. Presentamos aquí la versión castellana.

Traducción: Patricio Shaw

Fuente: http://www.sggresources.org/

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¿CRISTO O BELIAL?

[Traducción]

Para leer el artículo original en inglés: hacer clic aquí.

Respuesta a Mons. Williamson sobre la asistencia a la Nueva Misa

Por Mons. Donald J. Sanborn

Monseñor Williamson

Monseñor Williamson

El 28 de junio de este año, Mons. Williamson dio una conferencia a un grupo de personas en Connecticut, seguida de preguntas y respuestas. [1]

Una señora le preguntó si estaba permitido asistir a la Nueva Misa. [2] Mons. Williamson respondió que, en determinadas circunstancias, podía permitirse participar activamente en la Nueva Misa.

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VISIBILIDAD DE LA IGLESIA

Sede Vacante

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Una de las objeciones más comunes hacia los que decimos que la Sede de Pedro está vacante formalmente desde la muerte de Pío XII, consiste en afirmar que la visibilidad de la Iglesia demanda que hoy haya papa y jerarquía. Ellos entienden que de no haber un papa y una jerarquía en acto, la Iglesia misma dejaría de ser visible.

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DIOS Y EL HOMBRE

Florencia

Florencia

Hace unos días regresé de un hermoso viaje por Europa. Tuve la oportunidad de visitar, junto a mi madre, las ciudades de Roma, Florencia, Venecia y París. La bondad de Dios se manifiesta de mil maneras, y esta vez quedó evidenciada en los días inmejorables, llenos de sol, que acompañaron nuestra estadía en el viejo continente.

El contraste que existe entre el presente pagano y el pasado católico de Europa es tan inmenso, que se me hace muy difícil entender la actitud de los que afirman que el Concilio Vaticano II «no cambió nada». El cura párroco de Sant’Eustachio (Roma) se acercó a nosotros para decirnos (con una alegría inmensa) que dicha iglesia es usada todos los días como restaurante para los pobres: «corremos los bancos, ponemos mesas y le damos de comer a los pobres, acá mismo», me decía. ¿Ah, sí?, le respondí, mordiéndome la lengua para no decirle algo menos caritativo.

Ironía: se les da pan y se les niega la Eucaristía.

El espíritu de Bergoglio: sólo de pan vive el hombre…

En París, una de las primeras cosas que hicimos al llegar fue visitar Notre-Dame. Entramos y se estaba celebrando la asamblea modernista. En el interior de la misma catedral, a la izquierda, un puesto de ventas, ocupando por los menos veinte metros de espacio, con varias mesas.  A quienes hicieron lo mismo en el Templo de Jerusalén, Nuestro Señor los sacó a latigazos… en fin.

San Marco, en Venecia, posee una colección de reliquias impresionante. Lamentablemente, los nombres de los santos a los que pertenecen las reliquias no están indicados en ningún lado. Logré descifrar algunas de las leyendas de los relicarios, como por ejemplo, el que contiene parte del cráneo de Santiago el Menor. Mientras contemplaba los santos vestigios, escuché a un turista comentar: «acá vamos a terminar todos después de morir». Lo gracioso es que lo dijo en serio.

* * *

Tres simples anécdotas que sirven como ejemplo para ilustrar la mentalidad y actitud del hombre actual. El hombre se cree el centro de todas las cosas. Todas las cosas deben servir al hombre. Incluso Dios. Sobre todo, Dios. El hombre debe ser feliz y debe procurarse dicha felicidad a toda costa. Hoy, lo sagrado no existe, o se llama sagrado a lo que pertenece al hombre, como la vida, la salud, la misma felicidad. La sacralidad de Dios y de los santos, la trascendencia de lo sobrenatural y el lugar que debe ocupar la gracia en la vida y obrar humanos, todo esto ya no existe. Se ha borrado todo vestigio del Dios que nos creó, nos redimió y nos santificó. Hoy sólo existe el hombre, el honor y la gloria se deben sólo a él. Eso es lo que se ve en Europa, más que en cualquier parte del mundo. Europa fue católica hasta hace medio siglo. No es lo mismo apostatar de la verdadera religión que nunca haber conocido la verdadera religión. Europa es apóstata y rebelde. Las iglesias son piedras sin vida, pues ya no hay ni fe ni Presencia Real. Cuando uno visita los templos, debe usar la imaginación para comprender la razón de su existencia; debe viajar en el tiempo y contemplar la piedad de los fieles que allí oyeron Misa, la santidad de vida de tantos varones y mujeres de Dios que se arrodillaron a rezar miles de veces y hablaron con el mismísimo Creador, justo allí donde hoy saca una foto, mascando chicle, una mujer inmodesta y vulgar.

Dios ha permitido la Gran Apostasía a fin de procurarnos un bien mucho mayor. Debemos tener paciencia y motivarnos en cada batalla espiritual con el recuerdo de aquellos que nos dieron, con la gracia de Dios y esfuerzo propio, estos templos tan majestuosos. Debemos edificar el templo de Dios en nuestra alma, pues la verdadera belleza, es la interior, de la que nadie podrá privarnos.

LA LIBERTAD RELIGIOSA

 “Deo parere libertas est”. Seneca, De vita Beata, XV, 7.

Nacía una nueva religión

Nacía una nueva religión

Se ha hecho célebre la idea de ver como opuestas las enseñanzas de Jorge Bergoglio y aquellas de sus predecesores. Y por predecesores me refiero a Juan XXIII en adelante. Pareciera que el Magisterio de la Iglesia comenzó con el Concilio Vaticano II y llegó a su término con Joseph Ratzinger. Un clima airado y hasta cercano al cisma reina en el círculo pseudotradicionalista, pues Bergoglio no desea favorecer la continuidad sino la ruptura. Continuidad predicaba Ratzinger, con una hermenéutica harto falaz, pero lo suficientemente elaborada como para satisfacer a los amantes de la Misa en latín.

Hoy nadie se sorprende si llamamos hereje a Bergoglio. Es demasiado obvio. Pero es necesario insistir en que la ruptura real sucedió hace más de cincuenta años. Es necesario proclamar a viva voz que el Concilio Vaticano II enseñó una religión falsa y que Jorge Bergoglio, si en algo se diferencia de sus predecesores modernistas, es en el hecho de ser más honesto, directo y lógico en la aplicación de los principios heréticos del Vaticano II.

Son cuatro las herejías más evidentes del pseudoconcilio: la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad y el subsistit in (error eclesiológico según el cual la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica no poseen identidad absoluta).

El presente artículo sólo trata de la libertad religiosa.

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FRANCISCO, EL DESTRUCTOR

Francis IV

Nos tomamos la libertad de reproducir una antología de errores de Jorge Bergoglio, recientemente publicada en el excelente blog católico Novus Ordo Watch

Para descargar el documento en formato PDF, haga clic AQUÍ.

Agradecemos también a Miles Christi, quien ha recopilado los errores del falso papa.

LA CUARESMA

Monseñor Sanborn en su última carta a los benefactores comenta dos citas de dos grandes santos: una es de San Agustín, y dice, más o menos, así: la única razón por la cual Dios mantiene con vida a los impíos es para ejercitar la virtud de los justos. La segunda cita, de San Alfonso, dice: la única razón por la cual Dios mantiene a los justos con vida es para que lleven la cruz.

Ambas citas llevan implícita la enseñanza católica de la necesidad de la penitencia y mortificación, el cargar de la cruz, algo que en más de una ocasión sucede no por voluntad nuestra, sino por mandato o permisión de Dios. La persecución sufrida por muchos santos nos indica que este género de sufrimiento es muy meritorio y agradable a Dios.

Por la palabra ayuno los Padres de la Iglesia entendían no sólo la práctica de mortificarse en la mesa, sino el conjunto de los ejercicios penitenciales. La mortificación es un medio y no un fin; es un medio por el cual fortalecemos nuestra voluntad y removemos los obstáculos que nos impiden rezar como se debe. La mortificación nos dispone a la oración. Por su parte, la mortificación perfecta es inalcanzable sin la oración. De esto se sigue que ambos ejercicios, el de la mortificación y el de la oración, siempre deben ir juntos y nunca separarse.

Durante la Cuaresma, la Iglesia nos pide que hagamos penitencia y que recemos más. La Cuaresma es tiempo de conversión, donde el alma debe abandonar el pecado y comenzar una vida piadosa con seriedad. Si hacemos oídos sordos al llamado de la Iglesia, no esperemos obtener misericordia al final de la vida.

Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre, dice San Pablo, no sea que habiendo predicado a los demás, venga a ser yo reprobado (I Cor. IX, 27).