Importancia de la salud eterna

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A continuación presentamos un sermón de San Alfonso para el Domingo de Septuagésima.

Misit eos in vineam suam.

Enviólos a su viña.

(Mat. xx, 2).

La viña del Señor son nuestras almas, que nos fueron dadas con el fin de que las cultivemos por medio de las buenas obras, para que puedan un día ser admitidas en la gloria eterna. «Pero, ¿en qué consiste, dice Salviano, que creyendo el cristiano lo futuro, no lo teme?» Quid causa est, quod christianus, si futura credit, futura non timeat? Los cristianos creen en la muerte, el juicio, el infierno, el paraíso; pero a pesar de esto, viven como si no creyesen, como si estas verdades de fe fuesen fábulas e invenciones de viejas. Viven muchos como si no hubiesen de morir ni dar cuenta a Dios de su vida, y como si no hubiera infierno ni gloria. ¿Creerán acaso que todo esto es falso? No; pero no piensan en ello, y por eso se pierden. Están embebecidos en los negocios del mundo, y no piensan en el alma. Quiero, por tanto, haceros presente hoy, que el negocio de la salvación del alma, es el mas importante de todos los negocios:

Punto 1.° Porque perdida el alma, todo está perdido para nosotros.

Punto 2.° Porque perdida el alma una vez, se perdió para siempre.

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Importancia y necesidad de la meditación

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Religioso meditando sobre la muerte.

Leer antes: La oración y Segundo grado de oración: la meditación

La meditación es de lo más conveniente para la salvación y absolutamente imprescindible para emprender seriamente el camino de la propia santificación. Sigue leyendo

Segundo grado de oración: la meditación

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Leer antes: La oración

El mundo moderno relaciona inmediatamente la palabra meditación con la práctica budista, algo similar sucede con el vocablo “espiritualidad”. Pero el sentido católico de estas palabras es muy diferente, tanto que podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que la meditación budista tiene como fin el exterminio del ser, mientras que la meditación cristiana busca la perfección o plenitud del ser, lo cual es posible sólo en la unión con Dios (el Dios personal en el que los budistas no creen…). Sigue leyendo