LA CUARESMA

Monseñor Sanborn en su última carta a los benefactores comenta dos citas de dos grandes santos: una es de San Agustín, y dice, más o menos, así: la única razón por la cual Dios mantiene con vida a los impíos es para ejercitar la virtud de los justos. La segunda cita, de San Alfonso, dice: la única razón por la cual Dios mantiene a los justos con vida es para que lleven la cruz.

Ambas citas llevan implícita la enseñanza católica de la necesidad de la penitencia y mortificación, el cargar de la cruz, algo que en más de una ocasión sucede no por voluntad nuestra, sino por mandato o permisión de Dios. La persecución sufrida por muchos santos nos indica que este género de sufrimiento es muy meritorio y agradable a Dios.

Por la palabra ayuno los Padres de la Iglesia entendían no sólo la práctica de mortificarse en la mesa, sino el conjunto de los ejercicios penitenciales. La mortificación es un medio y no un fin; es un medio por el cual fortalecemos nuestra voluntad y removemos los obstáculos que nos impiden rezar como se debe. La mortificación nos dispone a la oración. Por su parte, la mortificación perfecta es inalcanzable sin la oración. De esto se sigue que ambos ejercicios, el de la mortificación y el de la oración, siempre deben ir juntos y nunca separarse.

Durante la Cuaresma, la Iglesia nos pide que hagamos penitencia y que recemos más. La Cuaresma es tiempo de conversión, donde el alma debe abandonar el pecado y comenzar una vida piadosa con seriedad. Si hacemos oídos sordos al llamado de la Iglesia, no esperemos obtener misericordia al final de la vida.

Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre, dice San Pablo, no sea que habiendo predicado a los demás, venga a ser yo reprobado (I Cor. IX, 27).

LO DIJO EL APÓSTOL

San Pablo

SAN PABLO

No debemos alegrarnos por estar ya salvados. Debemos alegrarnos porque podemos salvarnos.
Sin la cruz, no hay Paraíso. La cruz se lleva, en primer lugar, cuando obedecemos los Mandamientos. Preservarse en la gracia de Dios ya es una mortificación, pues existen varios enemigos contrarios a la gracia: el mundo, la carne y el demonio. Vencer tales obstáculos es muy difícil.
No, no estamos salvados. Debemos trabajar por nuestra salvación. Si no estamos dispuestos a obedecer a Dios y su Iglesia, entonces no pensemos en estar salvados. Cristo sufrió, pero eso es sólo el comienzo. No querer participar de sus sufrimientos nos excluye automáticamente de su amistad y nos quita todo derecho a la felicidad verdadera. El soberbio, el rebelde, no tiene lugar con Cristo. No puede llamarse verdadero cristiano el que vive en pecado. Los adúlteros, los que viven en concubinato, los que cometen impurezas, no pueden pretender ser amigos de Cristo, y herederos del Cielo. Nombro estos pecados porque son tan comunes como graves. Y los que viven así quieren ser aceptados tal cual son. Se engañan.
Y el cristianismo falso que hoy se predica (¿les suena el Sínodo para la Familia?) es dulce melodía a los oídos impuros. Pero ya lo dijo el Apóstol (Gál I, 8-9):

Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema. Así como antes lo dijimos, ahora también de nuevo lo digo: Si alguno os predicare fuera de lo que habéis recibido, sea anatema.

Francisco dice que él no juzga. Acepta a los adúlteros, a los homosexuales, a todos. No juzga. Ahora bien, quien será severamente juzgado es él, por no predicar el verdadero Evangelio, por no condenar lo que Dios condena, por tolerar lo que Dios no tolera, por enseñar el error y engañar al mundo con doctrinas opuestas al Catolicismo.
Dios no ha dejado sola a su Iglesia, todavía hoy, en medio de la Gran Apostasía, existen sacerdotes que predican la verdad y buscan salvar las pobres almas extraviadas.
No escuches a quien te engaña con palabras dulces. Escucha al que te ofrece medicina, que aunque amarga, te devolverá la salud y te llevará a una felicidad que no es de este mundo.

Importancia y necesidad de la meditación

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Religioso meditando sobre la muerte.

Leer antes: La oración y Segundo grado de oración: la meditación

La meditación es de lo más conveniente para la salvación y absolutamente imprescindible para emprender seriamente el camino de la propia santificación. Sigue leyendo

Segundo grado de oración: la meditación

meditation

Leer antes: La oración

El mundo moderno relaciona inmediatamente la palabra meditación con la práctica budista, algo similar sucede con el vocablo “espiritualidad”. Pero el sentido católico de estas palabras es muy diferente, tanto que podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que la meditación budista tiene como fin el exterminio del ser, mientras que la meditación cristiana busca la perfección o plenitud del ser, lo cual es posible sólo en la unión con Dios (el Dios personal en el que los budistas no creen…). Sigue leyendo

La oración

Oración de San Francisco

San Francisco y su oración frente al Crucifijo.

En nuestro blog anterior habíamos publicado varios posts sobre la oración, aquí los presentamos en su conjunto y prometemos continuar la serie.

Para llegar a la verdadera vida, la eterna, es necesario poseer la fe. Pero la fe sola no alcanza, en eso diferimos los católicos de los protestantes (y modernistas) según los cuales basta con creer en el Señor, quien ha prometido un perdón total sin pedir nada a cambio. Sí, ha pedido algo a cambio: que usemos debidamente de nuestra libertad, haciendo el bien, evitando el mal, volviendo fructuoso ese don gratuito de la fe que poseemos desde el bautismo, o incluso antes, como en el caso de los catecúmenos. Sigue leyendo