Entrevista al P. Fliess

¿Está bien convivir en pareja? ¿Cuál es la moralidad que rige el divorcio y segundas nupcias? El P. Fliess responde con una exposición clara de la enseñanza católica.

Temporada 5, La Fe Católica, Episodio 3

CONVERSACIONES DE DOCTRINA

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Podría decirse que True Restoration (Restoration Radio Network) es el sitio tradicionalista más importante para los católicos angloparlantes. Su fundador, Stephen Heiner, es un apóstol incansable, y la clave no sólo de la difusión digital de la verdad católica, sino también del establecimiento y permanencia de importantes centros de Misa en Europa. Stephen nos ha propuesto comenzar un nuevo ciclo de programas en español, a lo cual hemos accedido gustosos.

Para escuchar el primer episodio de la serie, haz clic aquí.

LA CUARESMA

Monseñor Sanborn en su última carta a los benefactores comenta dos citas de dos grandes santos: una es de San Agustín, y dice, más o menos, así: la única razón por la cual Dios mantiene con vida a los impíos es para ejercitar la virtud de los justos. La segunda cita, de San Alfonso, dice: la única razón por la cual Dios mantiene a los justos con vida es para que lleven la cruz.

Ambas citas llevan implícita la enseñanza católica de la necesidad de la penitencia y mortificación, el cargar de la cruz, algo que en más de una ocasión sucede no por voluntad nuestra, sino por mandato o permisión de Dios. La persecución sufrida por muchos santos nos indica que este género de sufrimiento es muy meritorio y agradable a Dios.

Por la palabra ayuno los Padres de la Iglesia entendían no sólo la práctica de mortificarse en la mesa, sino el conjunto de los ejercicios penitenciales. La mortificación es un medio y no un fin; es un medio por el cual fortalecemos nuestra voluntad y removemos los obstáculos que nos impiden rezar como se debe. La mortificación nos dispone a la oración. Por su parte, la mortificación perfecta es inalcanzable sin la oración. De esto se sigue que ambos ejercicios, el de la mortificación y el de la oración, siempre deben ir juntos y nunca separarse.

Durante la Cuaresma, la Iglesia nos pide que hagamos penitencia y que recemos más. La Cuaresma es tiempo de conversión, donde el alma debe abandonar el pecado y comenzar una vida piadosa con seriedad. Si hacemos oídos sordos al llamado de la Iglesia, no esperemos obtener misericordia al final de la vida.

Castigo mi cuerpo y lo someto a servidumbre, dice San Pablo, no sea que habiendo predicado a los demás, venga a ser yo reprobado (I Cor. IX, 27).

LO DIJO EL APÓSTOL

San Pablo

SAN PABLO

No debemos alegrarnos por estar ya salvados. Debemos alegrarnos porque podemos salvarnos.
Sin la cruz, no hay Paraíso. La cruz se lleva, en primer lugar, cuando obedecemos los Mandamientos. Preservarse en la gracia de Dios ya es una mortificación, pues existen varios enemigos contrarios a la gracia: el mundo, la carne y el demonio. Vencer tales obstáculos es muy difícil.
No, no estamos salvados. Debemos trabajar por nuestra salvación. Si no estamos dispuestos a obedecer a Dios y su Iglesia, entonces no pensemos en estar salvados. Cristo sufrió, pero eso es sólo el comienzo. No querer participar de sus sufrimientos nos excluye automáticamente de su amistad y nos quita todo derecho a la felicidad verdadera. El soberbio, el rebelde, no tiene lugar con Cristo. No puede llamarse verdadero cristiano el que vive en pecado. Los adúlteros, los que viven en concubinato, los que cometen impurezas, no pueden pretender ser amigos de Cristo, y herederos del Cielo. Nombro estos pecados porque son tan comunes como graves. Y los que viven así quieren ser aceptados tal cual son. Se engañan.
Y el cristianismo falso que hoy se predica (¿les suena el Sínodo para la Familia?) es dulce melodía a los oídos impuros. Pero ya lo dijo el Apóstol (Gál I, 8-9):

Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelizare fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema. Así como antes lo dijimos, ahora también de nuevo lo digo: Si alguno os predicare fuera de lo que habéis recibido, sea anatema.

Francisco dice que él no juzga. Acepta a los adúlteros, a los homosexuales, a todos. No juzga. Ahora bien, quien será severamente juzgado es él, por no predicar el verdadero Evangelio, por no condenar lo que Dios condena, por tolerar lo que Dios no tolera, por enseñar el error y engañar al mundo con doctrinas opuestas al Catolicismo.
Dios no ha dejado sola a su Iglesia, todavía hoy, en medio de la Gran Apostasía, existen sacerdotes que predican la verdad y buscan salvar las pobres almas extraviadas.
No escuches a quien te engaña con palabras dulces. Escucha al que te ofrece medicina, que aunque amarga, te devolverá la salud y te llevará a una felicidad que no es de este mundo.